City Pan se corona en un torneo que marcó un antes y un después en Paraná
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| Foto: @ggiqueaux Gero González |
El softbol a veces necesita sacudirse el polvo de lo cotidiano para recordarnos hasta dónde puede llegar. Y lo que se vivió en Paraná del 18 al 21 de agosto no fue un torneo más… fue una declaración.
Pude vivirlo desde dos lugares: como jugador dentro del terreno con City Pan, y también desde el rol de observador, con esa mirada analítica que me gusta tener. Desde ambos lados llego a la misma conclusión: pocas veces vi seis equipos tan parejos y tan comprometidos en disputar cada out como si fuera el último del juego.
Pero esto no se trató solo de lo que pasó dentro de las líneas. Desde el primer día, la organización dejó claro que esto iba en serio. No hubo improvisación. Cada detalle parecía tener nombre y apellido: gente encargada en cada área, una puesta en escena que elevaba el espectáculo, vallas publicitarias llenas de vida, música que acompañaba el pulso del juego, sonido profesional, pantalla electrónica con información en tiempo real y presentaciones de equipos que, por momentos, te hacían olvidar que no estabas viendo una liga profesional.
Pero sí… lo parecía. Y mucho.
Porque lograron algo difícil: hacernos sentir profesionales sin serlo. Y eso, en el deporte amateur, no tiene precio.
El público de Paraná, como ya es costumbre, no falló. Acompañó, empujó y le dio ese marco que convierte buenos torneos en grandes eventos. Y el nombre no quedó grande: “The Show Pro Series” fue, literalmente, un show. Pro… y re Pro. Me atrevo a decir que en la era moderna del softbol, pocas veces se ha visto un nivel de organización tan alto.
Juegos puntuales, árbitros impecables tanto en presencia como en su labor (esto puede ser subjetivo), y equipos armados para competir de verdad. Porque también hay que decirlo: el espectáculo se sostuvo gracias al talento y la intención de cada roster de demostrar su nivel.
La lluvia quiso meter su propia narrativa en el capítulo final, recortando la jornada, pero no logró apagar la fiesta. La final llegó igual, con estadio lleno y con miles conectados a través de YouTube, listos para presenciar lo que terminó siendo un verdadero juegazo.
City Pan vs Finca Jujure.
Un duelo que se escribió con tensión desde el primer inning. Finca Jujure dominó gran parte del juego, 2-0, manejando los tiempos, imponiendo su ritmo… hasta que el softbol, ese deporte que no cree en guiones cerrados, decidió cambiar la historia en el último acto.
Y ahí apareció ese momento que queda para el recuerdo.
El rolling final de Nicolás Carril, cargado de suspenso, que obligó al error del lanzador relevista Román Godoy. La jugada que rompió el molde, que desató la locura y que hizo explotar a los fanáticos, tanto en el estadio como a la distancia.
Walk-off. 3-2. Victoria de City Pan.
Y como buena metáfora que deja este deporte, quedó una frase flotando:
“El Pan aumentó más que el Choclo”
Porque cuando parecía que la cosecha estaba asegurada para Finca Jujure, fue City Pan quien terminó creciendo en el momento exacto.
Lo de Paraná fue una fiesta. De las que no se discuten, de las que se reconocen con todas las letras. Y en ese reconocimiento hay nombres propios: Nicolás Bittor, Duilio Scialacomo y Gero González. Ideas que no se quedaron en intención, sino que se convirtieron en realidad para el bien del softbol.
Desde este espacio, y también desde lo personal, solo queda agradecer. A City Pan por abrirme las puertas, por hacerme parte, por permitirme vivir y aportar desde adentro a un campeonato que ya tiene su lugar en la memoria.
Porque hay torneos que se juegan…
y otros, como este, que se viven
Ender Chaparro
